Reflexiones para tí.

Abinadab

Los de Quiriat Yearín fueron a Bet Semes y se llevaron el arca del Señor a la casa de Abinadab, que estaba en una loma. Luego consagraron a su hijo Eleazar para que estuviera a cargo de ella. 1 Samuel 7:1.

Dios usa a los instrumentos humanos que están dispuestos a ser usados por él. Tal vez no están en los mejores lugares, ni tienen más contactos ni aparecen todos los días en las primeras páginas de los diarios. Abinadab, de quien no sabemos nada, recibe al arca en su casa. Tú puedes ser un hombre o una mujer de Dios en el lugar en el que te toque estar; pero para eso, recuerda que nadie puede tomar en poco tu juventud, tu lugar de residencia, tu nivel escolar, tu presencia física; para que te tomen en serio. Sé ejemplo. No es un problema externo ni de oportunidades, es una cuestión interna y de compromiso.

Abinadab estaba pronto para cumplir con la misión que Dios le encomendara. sea cual fuere. Y durante veinte años el Señor le encomendó, por más que Samuel era profeta y juez de Israel, que cuidara del arca. Piensa que el arca estuvo en la casa de esta familia durante el gobierno de Samuel, el reinado de Saúl y la primera parte del de David. En sus manos, estaba segura. No solo por una cuestión física, sino también “y principalmente” por una cuestión espiritual.

Tan alto nombre tiene entre sus hermanos, que puede ordenar como sacerdote a su hijo Eleazar y colocarlo como responsable del arca, y nadie protesta por la indicación. Mientras el pueblo comienza, guiado por Samuel, una reforma “después del encuentro nacional en Mizpa”, el arca está siendo cuidada, protegida y respetada en la casa de este “posible” levita de la frontera.

¿Te podrían confiar una tarea tan sagrada, durante tanto tiempo, en un lugar que originariamente no es el centro de nada?

Me gusta pensar que Samuel pudo preocuparse específicamente por la vida espiritual del pueblo porque podía quedarse tranquilo en relación con el arca. No había de qué preocuparse.

Me gusta pensar que tu pastor, tu líder espiritual, puede preocuparse por las tareas y los trabajos que le corresponden porque sabe que tú estás cumpliendo fielmente con tu papel. Me gusta pensar que Dios sonríe cuando observa tu trabajo, por simple que parezca, por más simple que sea.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014 “365 Vidas” Por: Milton Betancor






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